La R.A.S.D (República Árabe Saharaui Democrática)

El Sahara Occidental es el último país que queda por descolonizar en África. Enmarcado por la costa atlántica frente a las Islas Canarias y fronterizo con Marruecos, Argelia y Mauritania, sus 266.000 km² albergan una gran variedad de recursos naturales.

La historia reciente del Pueblo Saharaui está forjada en la lucha contra la ocupación y a favor de su libertad e independencia. Hasta 1976 el Sahara Occidental vivió bajo la ocupación de España que acabó entregando el territorio a Marruecos y Mauritania mediante los llamados Acuerdos Tripartitos de Madrid, firmados un año antes. Dichos acuerdos, contrarios tanto a la propia legislación española como a la legalidad internacional, están en el origen del conflicto.

En la actualidad, Marruecos ocupa unos dos tercios del territorio. Las zonas ocupadas del Sahara Occidental y los territorios liberados están separadas por un muro defensivo de más de 2.500km que divide el territorio de norte a sur.

La vida en los territorios ocupados está marcada por la ocupación militar y el régimen de terror y discriminación étnica a los que está sometida la población autóctona. Desde la ocupación por Marruecos hasta el momento actual las violaciones de derechos abarcan todas las categorías imaginables.

Al este del muro, en territorio argelino, están los campamentos de población refugiada donde cerca de 200.000 personas viven en el exilio. El Frente POLISARIO, el brazo político  saharaui, mantiene allí la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), que se proclamó el mismo día que España abandonó definitivamente el territorio (27 de febrero de 1976). La población saharaui refugiada en los campamentos debe soportar unas penosas condiciones, viviendo totalmente dependiente de la ayuda humanitaria en uno de los territorios más inhóspitos del planeta.

La juventud saharaui en los campamentos de población refugiada:

La juventud constituye un ámbito estratégico de intervención, pues se trata del colectivo que llevará las riendas de la sociedad en los años futuros. En el caso de la sociedad saharaui refugiada, poner el foco de atención en el colectivo juvenil resulta imperativo a la vista de los desafíos que suponen la pérdida de la capacidad de resistencia y el desgaste  a los que se ve sometida la población, producto  de unas condiciones de vida cada vez más difíciles.

 

Son muchas las dificultades a las que se enfrenta la juventud en estos tiempos, pero en el caso de la juventud saharaui que vive en el refugio tiene sus particularidades:

 

  • El largo período de «ni paz ni guerra», y la sustitución paulatina de la vía de la guerra por la solución pacífica al proceso de construcción nacional.
  • Una atmósfera de aperturas políticas, económicas y sociales.
  • La pérdida de capacidad de formación y comunicación de los organismos y entidades que trabajan con la juventud, en todo lo relacionado con la política, la historia, la cultura, la legislación…, especialmente en lo que respecta a la causa nacional.
  • La limitación de las oportunidades de empleo, especialmente para el personal cualificado y para las mujeres.
  • La emigración de talento de personas altamente cualificadas y eficientes.
  • La escasa oferta de instalaciones y estructuras para la formación y el ocio de la juventud saharaui
  • La incapacidad de muchos de los sectores nacionales para crear un entorno que pueda dar respuesta y cabida al potencial juvenil propio.
  • La falta de implicación de la juventud en la participación política, social y económica
  • El gran desconocimiento de una parte importante de la juventud de las señas identitarias, de los elementos diferenciadores, de la dirección y devenir de la propia historia y cultura nacionales, lo que afecta negativamente al sistema de valores culturales y nacionales.
  • La baja participación política
  • Las preocupantes cifras de abandono escolar.
  • La expansión, de momento a pequeña escala, de fenómenos peligrosos para la sociedad, tales como la delincuencia, el consumo y tráfico de drogas, hurtos, violaciones, extremismo…

La juventud saharaui en las zonas ocupadas por Marruecos:

El conflicto está mucho más latente en los y las jóvenes saharauis que viven en las zonas ocupadas. Las detenciones, abusos y torturas son constantes entre la población saharaui. El vivir con miedo es algo normalizado, ya que pueden ser desaparecidos o asesinados  en cualquier momento, con total impunidad por parte de Marruecos, que además impide el acceso a observadores internacionales al territorio. Las muestras de apoyo a las reivindicaciones políticas del Frente Polisario conllevan encarcelamiento y juicios sin ninguna garantía procesal, con acusaciones, testimonios y pruebas falsas que son aceptadas por los jueces que dictan sentencia.

Además de las vulneraciones sobre los derechos civiles y políticos, la juventud saharaui se ve sometida a otra serie de restricciones en la consecución de sus derechos económicos sociales y culturales:

 

  • Derecho a la educación: el sistema de educación pública en las zonas ocupadas está administrado por el Ministerio de Educación Nacional de Marruecos. Aunque legalmente es un sistema abierto a la población saharaui, los niños, niñas y jóvenes sufren una gran discriminación. La educación en los centros privados es de mayor calidad pero muchas familias saharauis no disponen de recursos económicos para poder financiarlas. La posibilidad de cursar estudios superiores en la zonas ocupadas es prácticamente nula, ya que no hay universidades, por lo que deben desplazarse a ciudades marroquís donde la discriminación aumenta, impidiéndoles incluso matricularse en carreras de la rama científica.

 

  • Derecho a la salud: El sistema sanitario en los territorios ocupados es insuficiente y deficitario para toda la población. Solo hay acceso a la medicina general, no hay servicios de atención especializada. Los servicios públicos son de pago, lo que hace que no exista un sistema de salud universal. La población saharaui tiene un sentimiento de desconfianza y desprotección debido al alto número de casos de negligencias médicas. La sanidad se emplea como herramienta de castigo entre quienes tienen antecedentes políticos y sus allegados.

 

  • Derecho al trabajo: Acceder al mercado laboral para los y las saharauis es muy complicado, incluso para los y las jóvenes con titulación universitaria y especialmente para quienes defienden abiertamente la defensa de los derechos humanos. El Ministerio de Interior dispone de una lista con nombres de las personas que participan en las reivindicaciones políticas, a quienes veta la posibilidad de acceder a las oposiciones para puestos en el sector público. En el trabajo privado, los y las saharauis se sitúan en desventaja: sueldos inferiores, menos vacaciones, trabajos más precarios… En el caso de las mujeres las violaciones se agravan, ya que el acoso sexual y el sexismo son parte del día a día de muchas trabajadoras saharauis.